martes 20 de octubre de 2009

Pobres mortales


Cada vez estoy más seguro de que creo en las leyes físicas y en la indiferencia del universo hacia nosotros en compensación por el fracaso social al que me veo sometido a veces aquí en el planeta tierra, jaja.

Por desgracia mi precario cerebro está habitado por conceptos mucho más planos y mundanos. Me limito a cosas muy básicas como disfrutar de una buena película, dormir, comer y demás pequeños placeres que hacen que la vida sea un poco más divertida. De verdad no hay día que pase sin que agradezca que entre aire en mis pulmones o que mis piernas se muevan.

Estoy convencido de que los genios como Isaac Newton, Albert Einstein, o gente más “actual” como Edward Witten cambiaron por completo su concepción del mundo justo en el momento exacto en el que asimilaron de verdad todas las ideas y el conocimiento que habían desarrollado.

Pensadlo bien, ¿quién necesita comer o dormir cuando has descubierto qué es lo que hace que todo sea tal cual es? No se me ocurre una paradoja mejor para que el universo se pliegue sobre sí mismo. Cuando has abierto algo más que “las puertas de la percepción” imagino que todo lo demás se vuelve intrascendente.

El problema es que supongo que debe haber un precio a pagar por todo ese inmenso saber y entendimiento. Tal vez eres ser el mayor genio sobre el planeta, pero para tu vida diaria puede ser el equivalente a convertirte en un tenedor en una tierra de sopas.

Así que por eso creo que los genios aceptaron ese sacrificio y nos engañaron. Siguieron viviendo como humanos entre nosotros, pero no era más que una fachada, una conducta adoptada para que los seres inferiores no nos sintiéramos contínuamente superados.

En lo que respecta a lo cotidiano y la interacción de estos genios con el resto de los mortales tampoco nos hicieron notar diferencia. Algunos de ellos jamás despertaron ningún tipo de interés sexual hacia las mujeres. Otros lloraron desconsolados en la oscuridad de sus habitaciones, rodeados de fórmulas matemáticas y ecuaciones incomprensibles para el resto de nosotros, tratando de entender el dolor del desamor o cualquiera del resto de las “emociones humanas”.

lunes 12 de octubre de 2009

Grandilocuencia aburrida



Recientemente ha salido a la venta el dvd de Watchmen. En el momento de su estreno en cine recuerdo que coincidió con la última gran obra maestra de Clint Eastwood: “Gran Torino”. Me gustó tanto el film de Eastwood que la llegada a los cines de Watchmen (que se esperaba desde hacía años) quedó en algo meramente anecdótico.

No escribí nada sobre las impresiones que me causó la adaptación al cine del célebre cómic de Alan Moore y Dave Gibbons, supongo que porque no me pareció muy relevante, sencillamente no me apetecía, o puede que acabara saturado de tanta información y críticas diversas en Internet y en el mundo blogger en general.

La semana pasada la volví a ver en su versión de dvd. Me pareció una película aburridísima y pretenciosa (y tiene gracia que esto lo diga yo jaja). Entiendo perfectamente porqué me pareció entretenida en el cine. Me pasé toda la película comparando los fotogramas con las viñetas del cómic. Creo que es ahí donde reside el atractivo del film de Snyder. La cuidada puesta en escena, la fidelidad con la que se han representado hasta los detalles más sutiles de los dibujos de Gibbons.


Como lector de Watchmen disfruté del film por el simple hecho de tener el precedente del cómic. Creo que si hubiera sido una película surgida de la nada me hubiera salido del cine (como veía que hacía mucha gente) o seguramente me quedaría dormido a la mitad de la proyección. Y eso es lo que me pasó al verla en dvd. Ya no estaba la emoción de decir “a ver cómo han hecho esta secuencia”o “ cómo habrán representado el discurso del Dr.Manhattan en Marte”. Todo eso desaparece con el segundo visionado, cuando te olvidas del cómic y estás frente a una película sin más.

Por ejemplo, el DrManhattan retratado por Moore me resulta lo más interesante en el cómic. Sin embargo en la película me hace hasta gracia. Creo que los guionistas no han sabido plasmar bien todo el rollo de la mecánica cuántica ni el determinismo que lo caracteriza. Como espectador tan sólo ves a un tío de color azul muy irritante, casi parece el personaje de algún videojuego.

Luego está el diseño de producción de los héroes enmascarados, que todos, (excepto Rorcharch por razones obvias) parecen sacados de una película de Joel Schumacher. Incluso me atrevería a decir que el traje de Ozymandias tiene pezones y todo. No entiendo como se curran tanto unos planos idénticos a las viñetas del cómic, y luego sin embargo van y te meten un paisaje marciano de lo más infográfico y falso. ¡Con lo fácil que hubiera sido irse a rodar a alguno de esos desiertos donde la propia Nasa hace las simulaciones de los trabajos en Marte!

Con todo esto no quiero menospreciar el film de Snyder. Está muy bien hecho y se nota el esfuerzo y el trabajo duro de todos sus participantes. Lo que pasa es que como película me aburre bastante. No me interesa la historia que me están contando, ni soy capaz de empatizar con ninguno de los personajes, ni siento miedo por la amenaza de un ataque nuclear, ni me producen escalofríos las palabras del DrManhattan.

Es curioso porque ya no sé si es algo que me ha pasado con todos los trabajos de este director. Fui a ver 300 al cine y salí bastante impresionado con sus imágenes. Luego la ví en dvd y me pareció pura serie B de cartón piedra (no tengo nada en contra de la serie B). El remake de “Zombie” parece ser el único film de Snyder que he disfrutado una vez pasado su estreno en cine.

He leído mucho en blogs, revistas, críticos etc, y casi siempre encuentro la frase acertada y obvia de “cómic y cine, a pesar de tener muchas cosas en común, son medios distintos, y no se pueden comparar”. Si aplicamos esa frase y vemos Watchmen como una película (sin pensar en ningún momento en el cómic) lo que parece es que nos encontremos ante un videoclip musical de más de 2 horas.

Ahí va otra reseña para Watchmen en el ciberespacio!

domingo 4 de octubre de 2009

The Cult Love Live Valencia


En ocasiones tienen lugar acontecimientos que desafían al espacio y al tiempo. Y no estoy hablando de mecánica cuántica ni de cualquier otra actividad científica. Estoy hablando de rock and roll.

El 27 de septiembre tuvo lugar en Valencia un esperado encuentro entre una banda de culto (nunca mejor dicho) y su público. The Cult se presentaron de nuevo en la ciudad para interpretarnos íntegramente uno de sus discos clásicos, el “Love”, además de muchos otros clásicos. Un álbum que es un punto de referencia dentro de la historia del rock, y que si el mundo no estuviera del revés hubiera colocado a los Cult en la misma altura mediática que otros colegas de su generación como por ejemplo U2 o The Cure, grupos que actualmente llenan estadios y realizan conciertos multitudinarios.

Sin embargo han querido los dioses del rock que el tándem Astbury/Duffy se vea las caras con sus incondicionales en recintos y aforos medianos, lo cual incluso intensifica aún más sus potentes descargas en directo.

Lo que vimos aquella noche de domingo no fue un concierto rock convencional. Os aseguro que asistimos a una total y absoluta comunión, un ritual mágico de una máquina engrasada con la sangre y el alma de los corazones de estos auténticos héroes. Desde luego ese extraño halo místico que rodea a la banda (herederos de la magia envolvente de los Doors y Led Zeppelin) estaba presente allí.

Ya desde el comienzo se puede percibir. No hay nada, absolutamente nada parecido a los momentos previos de un concierto de rock. Cuando estás esperando en las primeras filas, contemplando el escenario donde se va a desarrollar el espectáculo, sabiendo que vas a ser consciente de algo que va a ocurrir delante de ti, en el más absoluto presente. No estás viendo un dvd de un concierto, ni oyendo un disco. Lo que está a punto de pasar es el ahora, el momento más actual y único de la banda que has venido a ver. Van a tocar para ti, y puedes sentirte afortunado al poder ver cualquier imprevisible sucesión de los acontecimientos.

He asistido a muchos conciertos, y en todos lo he pasado en grande. Pero hay algunos en concreto que además de pasarlo bien y hacerte feliz, te dejan una sumido en una extraña y feliz desolación, te destrozan anímicamente. Al finalizar este concierto de The Cult tuve esa misma sensación. Me invadió una nostalgia y una melancolía que sólo es capaz de provocar un espectáculo de estas características.

Sabía que había presenciado algo que ya pertenece al cosmos y a la historia del rock and roll.
Sé que para mucha gente este escrito puede resultar pretencioso. Obviamente me importa poco lo que pueda parecer desde fuera. Yo sé lo que he sentido, sé las sensaciones y las emociones que he experimentado. Ya ha pasado una semana y todavía tengo la sensación de estar allí. Y una de las cosas que más me consuela es saber que ese momento, esas 2 horas de concierto están ahí, en algún lugar del tiempo, para toda la eternidad. Así que solamente tenemos que cerrar los ojos, volver al recinto del puerto de Valencia y disfrutar para siempre de aquella mágica noche.

Gracias Ian Astbury y Billy Duffy, qué grandes sois!!

jueves 23 de abril de 2009

Periodo de inactividad

Durante los próximos meses este blog permanecerá inactivo. Volveré en cuanto haya acabado un montón de cosas que tengo pendientes...

El Manifiesto Desastre

No soy seguidor de la música de este hombre, pero por favor, esta canción me parece increíble!

sábado 18 de abril de 2009

Parecidos razonables


Ya dije que no me gusta el futbol, pero me quedé impresionado al descubrir que el entrenador del Real Madrid es en realidad el padre Carras!! 

jueves 16 de abril de 2009

Convivir con escolopendras

Nunca dejarán de sorprenderme las señales y advertencias con las que la naturaleza dota a los seres vivos.

En Pinoso, vivo en el monte Cabeço que es un diapiro salino de gran interés geológico. En la casa habitamos y convivimos mi familia junto con una serie de fauna arácnida y escolopéndrica además de otros seres de otros mundos que viven en la imaginación del que escribe y  a los que en ocasiones invito a manifestarse  mediante largos paseos por parajes y extrañas sendas que no existen.

Dejando las fantasías a un lado, he de decir que los que sí hacen una aparición más real y física son esos bichitos tan curiosos; las escolopendras, más conocidos comúnmente con el nombre de “Ciempiés”.

En casa viven escondidos en oscuros y húmedos rincones, que abandonan normalmente durante la noche para mezclarse con los seres que allí habitamos. La repentina e inesperada visión de una escolopendra moviendo sigilosamente sus patas en perfecta armonía con la contorsión de todo su cuerpo es la señal más clara y evidente de que la naturaleza parece no dejar nada al azar.

Los he visto tantas veces, y sin embargo cuando aparecen siempre tengo la sensación de que es la primera vez que me encuentro con ellos. Su visión resulta aterradora. El bicho en sí muestra todas las señales inequívocas para advertirte de su presencia. Apenas al instante de ser visto tu cerebro lo identifica claramente como algo amenazante y peligroso. Y esa sensación me resulta…cómo decirlo, para que resulte perfecto en mi blog pedante…me resulta fascinante!! :P

P.S: Estáis todos invitados a casa, que no os preocupen las escolopendras de allí, la molestia de su picadura es similar a la que causa una avispa, pero nunca suelen picar a nadie.