
Recuerdo con cariño historias de personas que cruzaron sus caminos en algún momento de sus vidas, y que, una vez terminada su relación, desaparecieron para no volver a verse jamás, casi de la misma manera en la que las dos únicas personas conocedoras de la fórmula de la Coca-cola no pueden encontrarse nunca.
Cuando escuchas hablar a la gente sobre esas relaciones, puedes ver cómo visualizan en su mente a la persona de la que te están hablando. Los ojos se pierden en un punto imaginario hacia el más absoluto vacío, en un intento de recordar el rostro, la voz, y el olor del chic@ en cuestión.
Las fotografías impresas (otro elemento que se está perdiendo) sirven de ayuda para mantener viva en la memoria esa imagen incorruptible a pesar del paso de los años. Un fugaz instante atrapado para siempre, con la eterna edad que presente en ese momento la persona capturada en la fotografía.
Si ni siquiera tenemos una instantánea de ese tipo, tan solo nos queda confiar en nuestro malogrado cerebro y recuerdos mentales, que seguramente se van modificando y manipulando a lo largo de los años, para acabar convirtiendo la imagen que teníamos en otra completamente diferente que nos hemos ido recreando nosotros mismos, en función de pequeñas sutilezas y recuerdos fragmentados.
Total para acabar viendo el rostro de una persona que ya ni siquiera podríamos identificar como la misma que conocíamos...
Pero bueno, todo esto ha cambiado con el paso de los años y sobretodo con la aparición de internet como elemento cotidiano y de ocio. La introducción de redes sociales como myspaces, facebooks,
blogs etc ha cambiado el concepto de las relaciones humanas para siempre.
Me atrevería a decir que soy de la última generación que escribió cartas a sus amigos en algún momento de su vida. Me vi prácticamente obligado a cambiar las cartas por los e-mails, cuando irremediablemente el departamento de Correos conspiró contra toda la sociedad, impidiendo que nuestras cartas llegaran a sus destinos, imposibilitando la perpetuidad de unas relaciones de amistad que confiaba que iban a durar años.
Con la aparición del e-mail y la mensajería instantánea, se ha ido a la mierda todo el concepto romántico del ser torturado y desolado que escribe cartas a su novia moribunda en la oscuridad de una noche sin luna, bajo la tenue luz de un par de velas (qué rabia me da que la gente crea que el romanticismo son las películas de Julia Roberts y Hugh Grant, pero bueno, eso es otro tema jeje.).
Supongo que estamos de acuerdo en que hoy por hoy es el turno de las relaciones cibernéticas humanas, como decía el androide de Star Wars. Llega el momento de facebook y de myspace, y con ellos, llega el momento en el que la gente debe demostrar al resto del mundo lo duros, fríos e impenetrables que son sus corazones.
¡Ahora ya no tenemos que olvidar!, podemos torturarnos infinidad de horas delante de la pantalla del ordenador, perdiendo el tiempo como completos gilipollas (un tiempo precioso que podríamos estar aprovechando para hacer cualquier otra cosa), contemplando la belleza de ese ser que ignora nuestras llamadas, comentarios y mensajes, y que, además, se encarga de recordarnos lo feliz y agradable que es su vida sin nuestra presencia.
Cuando escuchas hablar a la gente sobre esas relaciones, puedes ver cómo visualizan en su mente a la persona de la que te están hablando. Los ojos se pierden en un punto imaginario hacia el más absoluto vacío, en un intento de recordar el rostro, la voz, y el olor del chic@ en cuestión.
Las fotografías impresas (otro elemento que se está perdiendo) sirven de ayuda para mantener viva en la memoria esa imagen incorruptible a pesar del paso de los años. Un fugaz instante atrapado para siempre, con la eterna edad que presente en ese momento la persona capturada en la fotografía.
Si ni siquiera tenemos una instantánea de ese tipo, tan solo nos queda confiar en nuestro malogrado cerebro y recuerdos mentales, que seguramente se van modificando y manipulando a lo largo de los años, para acabar convirtiendo la imagen que teníamos en otra completamente diferente que nos hemos ido recreando nosotros mismos, en función de pequeñas sutilezas y recuerdos fragmentados.
Total para acabar viendo el rostro de una persona que ya ni siquiera podríamos identificar como la misma que conocíamos...
Pero bueno, todo esto ha cambiado con el paso de los años y sobretodo con la aparición de internet como elemento cotidiano y de ocio. La introducción de redes sociales como myspaces, facebooks,
blogs etc ha cambiado el concepto de las relaciones humanas para siempre.
Me atrevería a decir que soy de la última generación que escribió cartas a sus amigos en algún momento de su vida. Me vi prácticamente obligado a cambiar las cartas por los e-mails, cuando irremediablemente el departamento de Correos conspiró contra toda la sociedad, impidiendo que nuestras cartas llegaran a sus destinos, imposibilitando la perpetuidad de unas relaciones de amistad que confiaba que iban a durar años.
Con la aparición del e-mail y la mensajería instantánea, se ha ido a la mierda todo el concepto romántico del ser torturado y desolado que escribe cartas a su novia moribunda en la oscuridad de una noche sin luna, bajo la tenue luz de un par de velas (qué rabia me da que la gente crea que el romanticismo son las películas de Julia Roberts y Hugh Grant, pero bueno, eso es otro tema jeje.).
Supongo que estamos de acuerdo en que hoy por hoy es el turno de las relaciones cibernéticas humanas, como decía el androide de Star Wars. Llega el momento de facebook y de myspace, y con ellos, llega el momento en el que la gente debe demostrar al resto del mundo lo duros, fríos e impenetrables que son sus corazones.
¡Ahora ya no tenemos que olvidar!, podemos torturarnos infinidad de horas delante de la pantalla del ordenador, perdiendo el tiempo como completos gilipollas (un tiempo precioso que podríamos estar aprovechando para hacer cualquier otra cosa), contemplando la belleza de ese ser que ignora nuestras llamadas, comentarios y mensajes, y que, además, se encarga de recordarnos lo feliz y agradable que es su vida sin nuestra presencia.




